Casinos online, entretención sin límites

La mayoría de las personas que vivimos en el mundo 2.0, además de realizar casi la mayoría de nuestras actividades online, también buscamos divertirnos en esos momentos en que no hay mucho que hacer.

Una de las opciones disponibles para quienes gustan de la fortuna y diversión, son los casinos, y qué mejor manera de poder jugar y divertirnos –con la oportunidad de ganar algo en el proceso– que aquellos que nos permiten jugar en línea.

Ya no es necesario salir para poder disfrutar de los casinos, ya que la tecnología hoy nos permite acceder a este mundo maravilloso de casinos online sin movernos de casa o de la oficina. Ahora solo necesitamos tener un computador o dispositivo conectado a internet para poder disfrutar de ellos sin restricciones.

Uno de los juegos preferidos para muchos –además de los populares tragamonedas– es la ruleta. Este juego es sumamente adictivo y nos permite jugar de forma constante y rápida. Quienes han jugado a la ruleta siguen prefiriéndola, ya que no se requiere mayor conocimiento sobre el juego y tenemos la misma ventaja que un jugador experimentado, pues no es un juego que demande estrategia y su resultado depende casi exclusivamente del azar.

Para quienes no han asistido a un casino, ahora pueden interactuar con otros jugadores online.
Esto nos permite probar distintas estrategias para aprender y luego –con conocimientos y estrategias concretas– apostar y obtener algo de dinero gracias a nuestro aprendizaje mientras nos divertimos.

Lo único malo, es que cuando jugamos de modo gratuito y ganamos, vemos el resultado y habríamos preferido apostar. Mientras escribía este artículo, jugando a la ruleta gané € 380, que bien me habría gustado retirar. Para realizar apuestas reales, podemos hacerlo a través de tarjeta de crédito o de PayPal.

Y ustedes, ¿cuánto quieren ganar?

¿Megaterremoto en Ecuador?

Foto de Alice Mastroianni, en Flickr.

Navegando me encontré con una noticia del diario El Comercio que hablaba de los terremotos o erupciones en Ecuador, fue entonces que recordé la reacción de la gente ante los últimos sismos en Quito y he visto, a través de la redes sociales, que la gente no sabe qué hacer, dónde ir e inclusive, de qué modo deben evacuar. Lo que es más, muchos de mis amigos en vez de resguardarse o salir de sus casas, toman un dispositivo para conectarse a Twitter y sondear el asunto. En el momento por supuesto que resulta hasta divertido y es la reacción que muchos tenemos, pero ante un eventual terremoto no solo se irá la luz –en Chile se corta la luz por precaución y automáticamente si el sismo es mayor a 5 grados–, si no que también nos faltará internet.

Como muchos saben soy chilena y en Chile es común tener un terremoto fuerte cada cierto número de años. Desde que era pequeña recuerdo la “operación Deyse” en el colegio, que en su momento no representaba nada para para la mayoría, solo la oportunidad de perder clases.
Hoy, y gracias a ella, muchas personas han salvado sus vidas por esa básica enseñanza de colegio.

Personalmente no le temo a los temblores: las construcciones de Chile son sismoresistentes y la mayoría de ellas muy seguras, además que existe un plan de contingencia ante desastres naturales; cuando se habló en Chile que esperaban otro terremoto para septiembre –fecha en que estuve allá–, sentí hasta “emoción”, ya que “me perdí” el terremoto del 2010.

Antecedentes: Ecuador y varios países cercanos a la Costa del Pacífico están afectados por las placas de Nazca y la Sudamericana: ambas chocan entre sí. Por otro lado, en Quito atraviesa la falla geológica Guayaquil–Caracas.
Año a año las placas se unen y acumulan energía que en algún momento debe ser liberada… es real un inminente sismo fuerte.

¿Ecuador está preparado para recibir un terremoto?

Viviendo en Ecuador la sensación de seguridad es otra. Se dice que la mayoría de casas en Quito– el 99,98% de las construcciones, aproximadamente– no son sismoresistentes, por lo cual es muy probable que el techo o una pared se nos venga encima ante un terremoto fuerte.
De todos modos tenemos algunos segundos –generalmente los necesarios– para reaccionar y resguardarnos.

He notado que la mayoría de las personas en Quito sienten miedo ante un temblor –muchas entran en pánico– y otras se aterran ante la posibilidad de vivir un sismo mayor a los 6 grados. Independientemente de la sensación y el miedo, es probable que haya uno muy pronto y muchas de estas personas no sabrán qué hacer cuando suceda.

Según una pequeña y rápida encuesta realizada en Twitter, la mayoría de las personas –77.78% de los encuestados– recurren a lo aprendido: se refugian bajo la puerta o mesa… a diferencia de un 22.22% que huyen a pie del lugar para refugiarse.
Debido a la calidad de las construcciones antiguas –en teoría, ahora se usan tecnologías y métodos de construcción sismoresistentes– en Ecuador, personalmente me daría un poco de miedo confiar en que la mesa o el marco de la puerta resistirán, ya que son estructuras débiles que no soportarán el peso de una construcción.

Cabe destacar que antiguamente se usaban materiales más fuertes para construir –como madera de roble para los marcos y las puertas, al igual que las mesas– aunque parte de las construcciones estaban hechas en adobe.
Hoy las construcciones –en su mayoría– se hacen en hormigón armado, bloques y columnas de hormigón, pero los marcos y las puertas están hechas con aglomerado y adornadas o pintadas… ¿Se imaginan fiar su vida al marco de estos elementos?

Lo mejor en caso de un sismo fuerte es salir del lugar en que nos encontremos y nos resguardarse en un sitio despejado, sin pendiente y sin construcciones –paredes o edificios– o postes de alumbrado público, ya que éstos podrían caérsenos encima.

El suelo en el que está situado Quito es inestable. Está compuesto por material piroclástico –roca pulverizada y fragmentos de lava expulsados desde la chimenea de un volcán– y no sobre rocas.
Lo más probable es que haya varios grandes deslizamientos en Quito en caso de un fuerte sismo.

Lo que debemos hacer HOY:

  • Tener un plan de contingencia, que no solo incluya a los adultos, sino a todos los miembros de la familia, incluidas nuestras mascotas.
  • Enseñarles a tus hijos el modo correcto de evacuar y de comportarse ante una emergencia: siempre de modo calmado.
  • Tener provisiones: botellas con agua, comida enlatada y abridor, mantas, linterna y pilas; radio a pilas y pilas; un botiquín de primeros auxilios que incluyan los medicamentos de consumo regular; correa, comida y pocillos para nuestras mascotas, en el caso de tenerlas. Esto debes tenerlo en una mochila o bolso a la mano.
  • Estipular un lugar seguro para protegernos de posibles derrumbes y encontrarse ahí con su familia en caso de no estar juntos.
  • Nunca te refugies bajo una puerta o una mesa. Lo ideal son los sitios planos alejados de edificaciones o muros.
Lo que debemos hacer en caso de emergencia:
  • En todo momento debes mantener la calma.
  • No actúes por instinto: las personas que corren despavoridas suelen tropezar e impedir el paso a las demás. Es mejor caminar rápido que correr.
  • Si tienes hijos pequeños, tómalos de la mano y salgan del lugar en el que se encuentren. Conforta a los más pequeños, no les hagas tener miedo, ellos ya estarán bastante asustados.
  • Si tienes mascotas, no las dejes salir libremente ni las dejes encerradas a su suerte. Ten siempre una correa para tu perro a la mano o un kennel para tus gatos.
  • Nunca uses tu auto para huir. Cuando estamos nerviosos no estamos en las condiciones para manejar; además mucha gente hará lo mismo y se creará un caos vehicular, incluso muchos accidentes.
  • Es probable que las líneas telefónicas se saturen, si no tienes una emergencia real o no existe algún herido, no uses el teléfono ni el celular. Deja las líneas libres para las emergencias.
  • Si estamos en un edificio, jamás se debe usar el ascensor para bajar. Opta siempre por las escaleras.
  • Debes tener siempre un par de zapatos cerca de la cama para ponértelos rápido y poder huir en caso de sismo.
  • Si estás manejando, lo mejor es encender las luces de estacionamiento y ponernos a un costado de la vía. Si estás sobre un puente o paso bajo nivel, intenta manejar un poco más rápido para salir de él y detente sin obstaculizar la vía. Si no puedes salir del puente, sal del auto y camina con paso rápido y seguro para salir de él. Las estructuras pueden ceder.
Debes contemplar provisiones para alrededor de 3 ó 4 días. No debiera ser más el tiempo de reacción del gobierno para enviar suministros y ayuda a los damnificados. Si no quieres correr riesgos, debes tener provisiones al menos para una semana.

Es cierto que nadie puede saber cuándo habrá un terremoto, pero siempre es mejor contemplarlo como una opción y tener un plan de emergencia.

Este artículo no está hecho para alarmarlos. Son simplemente tips a tomar en cuenta en caso de un sismo de gran magnitud o un terremoto. Espero que ayude.

 

 

Diario Hoy, el último bastión de la tauromaquia en Quito

Foto de Ignacio Conejo, en Flickr.

Estoy un poco cansada del tema de los toros. Claramente la consulta popular fue una burla para todos los que votamos; más aún, la reforma a la Ordenanza Taurina no dejó satisfecha a nadie: muy por el contrario, taurinos y antitaurinos nos sentimos afectados por las medidas de los Concejales y el alcalde Barrera. Lejos de beneficiar a alguna de las dos partes, los políticos se quedaron en el centro, sin cruzar ninguna línea, saliéndoles el tiro por la culata y consiguiendo en el electorado el mismo sentimiento: repudio y rechazo por cada uno de ellos.

Las últimas publicaciones del Diario Hoy dejan al descubierto las ‘patadas de ahogado’ que intentan dar para salvar sus intereses económicos, no solo por parte de los involucrados en la Feria Taurina Jesús del Gran Poder: haciendas ganaderas, empresas que auspician el evento, CITOTUSA, sino también por parte de algunos medios de comunicación que intentan conservar sus beneficios económicos y su gran tajada del pastel.

Antes de dar un recorrido por las “publicaciones” del Diario Hoy, vale la pena mencionar algunos detalles, como algunos datos que dieron pie a la consulta popular y luego a la reforma de la Ordenanza.

Durante años –y antes de pensar en la consulta popular– se habló de que la mayoría de quiteños eran antitaurinos. Pese a las encuestas realizadas y al porcentaje de personas que se manifestaban en dicha encuesta a favor de abolir las corridas de toros, nadie los escuchó. En 2010, el Presidente Rafael Correa anunció una consulta popular que, entre varios otros temas, preguntaba sobre las corridas de toros, pero lejos de querer abolir tan retrógrada “tradición”, se quería abrir el debate.

La pregunta 8 que se sometió a consulta, tras las modificaciones de la Corte Constitucional, decía:

“De la prohibición de matar animales en espectáculos. ¿Está usted de acuerdo que en el cantón de su domicilio se prohíban los espectáculos que tengan como finalidad dar muerte al animal?”

La pregunta original, formulada sin esconder la información decía:

Con la finalidad de evitar la muerte de un animal por simple diversión, ¿Está usted de acuerdo en prohibir, en su respectiva jurisdicción cantonal, los espectáculos públicos donde se mate animales?

A mi juicio, habría sido lo apropiado preguntar directamente, pero según la Corte Constitucional esta pregunta, la original, inducía a votar sí. Y es obvio. ¿Quién en su sano juicio querría asistir a presenciar la muerte de un animal por simple diversión? Suena hasta maquiavélico cuando se lee en voz alta. No importa si son públicos o privados los espectáculos, la finalidad es la misma.

Por razones políticas o verdaderamente animalistas, en Quito en la pregunta 8 de la consulta popular ganó el sí, con el 51% de votos a favor de prohibir los espectáculos públicos que tengan como finalidad dar muerte al animal.

Nuestros Concejales, tan inteligentes, lejos de querer perder las “regalías” por la prohibición de los espectáculos que tuvieran como fin matar al animal, reformaron la ordenanza. Sí, toda la corrida es igual, excepto la estocada final, pero ojo, el animal todavía es “sacrificado” en los chiqueros, luego de salir de la plaza. Y nuestro Alcalde, aquel que habló de no apoyar la Feria, lejos de pronunciarse al respecto, cambió su discurso por el de “tolerancia”.

Con estas pequeñas reseñas, puedo continuar hablando sobre los “artículos” del Diario Hoy.

La tauromaquia no es tortura
En esta nota, Hoy nos dice que “entre los manidos y absurdos argumentos que los abolicionistas utilizan para atacar la tauromaquia, uno de los más utilizados, tan demagógico como falso, es el que intenta hacer creer a los incautos y bienintencionados que la lidia del toro supone una tortura para el animal”.
No señores. No creemos que la lidia del toro supone una tortura. Lo sabemos. Basta con haber estudiado “algo” en el colegio para saber que cualquier ser vivo que tiene un sistema nervioso central sufre cuando es herido. Hablan irónicamente de la tortura como “maltratar y vejar (…) a animales enjaulados para sacar un disfrute sádico solo propio de desequilibrados”. Posiblemente los toros no estén enjaulados, pero sí cercados: en una plaza de toros de forma circular, que no les permite huir; y si la muerte de un animal por diversión no tiene un tinte de disfrute sádico, propio de los desequilibrados, imagínense ahora que, según ellos, la muerte no es la finalidad: la nueva finalidad, ¿es la tortura per se?
En algo tienen razón: el toro no es un ser inerme ni indefenso, sino una bestia agresiva de media tonelada, con fuerza suficiente para volcar un autobús y con dos afiladas armas en su cabeza capaces de atravesar un cuerpo de parte a parte. Pero nunca he visto ni he sabido de un toro que, criado con cariño y respeto, ataque a una persona sin sentirse atacado.
Y la valentía del torero… ¿Qué torero puede sentirse valiente atacando a un toro herido para darle muerte?
Luchar de igual a igual… el toro va con armado con sus cuernos, le destrozan los músculos del cuello para que baje la cabeza. No lo ataca el torero, primero salen los picadores con armas, luego las banderillas… para que luego, ese “hombre valiente” se enfrente con una espada –de casi un metro– a una bestia de 500 kilos que se ahoga en sangre y ¡casi no puede respirar! ¡Vaya! Suena realmente artístico y heroico.

El Toro merece morir en el ruedo
“El toro bravo tiene que morir con dignidad, en el ruedo y no en los chiqueros”, según Enrique Ponce, torero español. Yo les pregunto: ¿quién merece morir: los animales, porque carecen de derechos?, ¿los psicópatas, violadores o asesinos en serie?, ¿los pederastas?

El tema de morir con dignidad ha abierto varios debates, pero siempre el debate de la muerte es alrededor de los humanos. Se habla de morir con dignidad, pero esto necesariamente implica el no tener una muerte horrible y dolorosa; se entiende que es ante una agonía eterna causada por una enfermedad terminal. La eutanasia es una forma humanitaria para terminar con el sufrimiento y aceptada en animales. Pero si los toros llegan sanos a la plaza, sin heridas, sin enfermedades y sin dolor… ¿de qué agonía hablamos? Claramente, de las lesiones que le han causado al animal en el ruedo. Para quienes tienen dos dedos de frente: si no hay enfermedad terminal, no se necesita morir dignamente.

Independientemente –y le disguste a quien le disguste–, las corridas este año cambiaron. El toro no muere a la vista de los espectadores, pero muere “tras bambalinas”. Claramente les cambió la “fiesta” a los taurinos, quienes disfrutaban con este tercio aún más sádico que los anteriores, en donde el toro herido –y no por uno, sino por varios hombres–, que ya se ahoga en su propia sangre, está hiperventilado y no tiene fuerzas para intentar eludir los ataques o defenderse, es atravesado por una espada de casi un metro de longitud y que muchas veces, lejos de terminar con su agonía, atravesaba sus pulmones y otros órganos vitales, dando paso a una muerte por ahogo en su propia sangre.

Los taurinos hablan de amor por los toros… ¿cómo alguien puede destruir la vida de un animal –maravilloso e imponente– de esa manera y autodenominarse amante de los toros?

 

El gran negocio antitaurino

Fuera de dar información que les ayude a “persuadir” a sus lectores y a los “amantes de los toros”, ya dan patadas de ahogado. Su última joyita es “el gran negocio antitaurino”.

Muy lejos de enojarme o causarme rabia –supongo que la intención del artículo fue causar malestar en los antitaurinos–, su publicación me dio lástima. Lástima, porque ya no saben a qué recurrir para sacar a flote la feria y la tauromaquia.

¿Quién, en su sano juicio, recurre a artilugios de calaña tan baja como hablar del “gran negocio antitaurino”?
Aún no sé dónde está el negocio o a quién le pido mi parte del “botín”. Soy antitaurina por convicción, porque amo la vida y también por mi cultura del respeto a los animales.
Se menciona en el artículo que los animalistas fomentamos “la compra no solo de mascotas, sino además de toda una extensa gama de productos para su cuidado, su alimentación y su mantenimiento, incluyendo asistencia psicológica, pomposos entierros y hasta costosísimas clonaciones”.

Señores, no solo los antitaurinos consideramos a las mascotas como parte de la familia… muchas familias ecuatorianas –que no clonan a sus mascotas y no les pagan psicólogos– se preocupan por ellas, no solamente los antitaurinos. ¿O ustedes tienen mascotas y no las alimentan?
Yo no sé si ustedes dejan de comprarle comida al animal de compañía que tienen en sus familias. Yo, si adquiero una responsabilidad como la adopción de una mascota, me preocupo de ella, tal como lo hago por mis hijos o por cualquier otro ser humano del cual soy responsable. Si están enfermos, los llevo al médico; si mueren, los entierro, porque son parte de mi familia… y lejos de fomentar la compra de mascotas, los animalistas fomentamos la adopción como medio para tener una.
Los animalistas protegemos a cualquier ser que no tiene la capacidad de defenderse de los tratos injustos y vejaciones. Pregúntenles ustedes a los animalistas e incluso a los antitaurinos si es que en una situación de maltrato hacia un niño, mujer o anciano se quedan de brazos cruzados. La respuesta siempre será un no.
Háganle la misma pregunta a un taurino.

Una sociedad fatua

El Diario Hoy ha tenido la desfachatez de generalizar que los antitaurinos queremos que se acaben las corridas de toros porque son una fiesta extranjera. Señores, otra vez… –mientras escribo, creo que necesito a un ilustrador para que lo entiendan–, nosotros no queremos acabar con las corridas de toros porque son extranjeras, sino porque el maltrato al animal, el sufrimiento innecesario que padece no se justifica ni por el “arte”. Una sociedad sana no necesita espectáculos sangrientos para satisfacer las necesidades culturales o las expresiones de arte. El circo romano, las crucifixiones, ¡incluso el holocausto nazi! podrían verse dentro del repertorio cultural de sus respectivos pueblos, pero dejaron de existir porque la razón –o la fuerza– pudo más que la insaciable y enfermiza sed de sangre.

Cierto es que algunos antitaurinos tienen fundamentos débiles y hasta ridículos. Lo nuestro no es una moda, no es una venganza ni una actitud política. Lo que nosotros queremos es que se termine con el maltrato hacia cualquier animal, sobre todo de aquellos actos que se excusan en bases inexistentes ante el raciocinio humano. Si se implementaran las “corridas de rinocerontes” –animales majestuosos y muy fuertes– seguramente los noveleros asistirían. Otros en cambio, nos espeluznaríamos por tal barbarie.

Fumar o no fumar, esa es la cuestión

Pocas personas de las que leerán este artículo me conocen personalmente. Muchos de ustedes solo me conocen mediante un avatar de twitter o facebook, y a través de unas pocas líneas diarias, si es que las hay.

Soy María Pía Rivera Spatari –gran novedad dirán algunos–, soy profesional en el área de las relaciones públicas, chilena; amo todo lo que tiene relación con la vida 2.0, soy amante de los animales y “creadora” de Amigalitos. En este punto de mi vida, encontré algo que me satisfizo más que el dinero: enseñar y ayudar a la gente, a través de la web –y a veces presencialmente–, a cuidar a sus mascotas y ser personas empáticas, responsables y respetuosas con los animales.

Dentro de todas las cosas que hago diariamente –también soy mamá, esposa y dueña de casa–, hago una con regularidad y demasiadas veces al día: fumo, soy una fumadora empedernida.

He pensado muchas veces en dejar este hábito que me acorta la vida a diario, pero siempre encuentro una nueva razón por la cual no dejarlo. Hay días en que me digo a mí misma: “algún día lo voy a dejar”. Esto es una gran mentira. No tengo una motivación para hacerlo. Bueno, dirán ustedes –no fumadores o ex fumadores– que razones hay muchas, pasando por las enfermedades, el olor a cigarro en la ropa, las restricciones que existen en nuestra sociedad para los que fumamos, lo molesto que el humo resulta para los no fumadores, pero por sobre todo: la cantidad de plata que gastamos, mes a mes, para envenenarnos lentamente. Eso, queridos lectores, también lo sabemos las personas que fumamos.

Es curioso que mientras escribo esto encienda un cigarro. Quizás sea el escribir lo que me motiva a prenderlo. Lo más sensato sería decir que no lo es. Puede que sea un tema de costumbre o simplemente la adicción a algún compuesto mortal del cigarro.

He “intentado” varias veces dejar de fumar, pero nunca me he quedado sin cigarros. Enfatizo el “he intentado”, porque la verdad es que nunca he pasado más de un día sin fumar desde que comencé. Hace unos años lo dejé un día, pero luego del almuerzo me dieron ganas y volví a fumar sin privaciones.
Aunque la gran mayoría de los fumadores comenzaron a temprana edad, yo comencé a los 18, llegando a fumar en algún momento de mi vida hasta dos cajetillas diarias. Dicen que nunca es tarde, pero que hay que encontrar el método “idóneo” para cada fumador. Dudo que eso realmente exista.

“Técnicas” hay muchísimas –he leído mucho sobre maneras de dejarlo–, pasando por el juntar las colillas de cigarros y ceniza en un tarro o lugar exclusivo para olerlo cuando tengan ganas de fumar, pasando por bajar la cantidad de cigarros, disminuyendo uno al día hasta ya no fumar, e incluso no comprar cigarros y guardar esa plata en una alcancía y premiarse comprándose alguna tontera con lo ahorrado. Ninguna de esas “técnicas” me ha funcionado.

Hoy comprendí el por qué.
Los fumadores no queremos dejarlo, no hay otra razón, al menos, ese es mi caso.
Pese que a los fumadores nos habría encantado no comenzar a fumar –no conozco a un fumador que no quisiera volver en el tiempo para no haber comenzado a fumar–, no nos interesa dejar de hacerlo, porque nos gusta, porque nos satisface de alguna manera –cada fumador tiene, busca o se inventa una razón para no dejar de fumar–.

Los fumadores necesitamos tener una motivación para dejar el cigarro, pero la motivación del miedo no funciona –con esto me refiero a que conocemos las enfermedades–, porque el miedo nos motiva aun a fumar más. Termina siendo un círculo vicioso.

Cuando me dicen “sabías que el X% de los fumadores sufren problemas pulmonares graves por fumar?”, mi respuesta podría ser: “y tú, ¿sabías que hay un número indeterminado de personas que los sufren y no han fumado un cigarro en toda su vida…?”.
Siendo este un argumento frecuente, los no fumadores se cansan y nos dejan vivir en paz. Pero ¿ahí se acaba la historia? por supuesto que no.

Los fumadores nos sentimos “atacados” cuando alguien nos “interroga” sobre las razones que tenemos para fumar y no dejarlo. Cuando nos “atacan” tenemos un “gran motivo” para fumar, una razón para encender un cigarro en ese momento y montones de fundamentos que alivian nuestra carga para no dejar de hacerlo.

Los fumadores tenemos una respuesta para cualquier “ataque”.
No quiero que este artículo suene a “guía práctica para comprender a los fumadores” o mucho menos, pero necesito racionalizar el proceso que no me permite dejar este vicio para intentar comprender el porqué no quiero dejarlo.

Mis respuestas frecuentes ante los “ataques” son:

  • Me gusta fumar porque me tranquiliza,
  • Me gusta fumar porque me ayuda en la concentración,
  • Me gusta fumar porque lo disfruto,
  • Me gusta fumar porque me ayuda a aliviar el estrés,
  • La gente que deja de fumar engorda,
  • De algo hay que morir, qué mejor que disfrutando,
  • Es un tema ocupacional, etc.
Todas las anteriores no son respuestas lógicas, porque para cada una de ellas yo misma tengo una auto respuesta que las invalida. Son excusas.
Lo que debemos comprender los fumadores que hemos “intentado” o “querido dejar el cigarro” –no cuenta el hecho de pensar en dejar de fumar sin alguna acción que lo haga posible–, no es por qué queremos dejarlo, sino por qué nos aferramos a él.
El cigarro sabe mal y huele peor. Pese a eso, nos gusta aspirarlo. La mayoría de los fumadores no podemos no tener un cigarro para la mañana siguiente. No importa que podamos ir a comprar al otro día. No. “No podemos darnos el lujo de no tener qué fumar al despertarnos”. Todo porque nos gusta, porque nos intranquiliza no tener aunque sea un cigarro guardado. Pero también a muchos nos gusta la pizza o las hamburguesas y no conozco a nadie que lleve en sus bolsillos un trozo para poder comer cuando quiera.

Recuerdo cuando tuve en mis manos el primer cigarro. En mi casa mis papás fumaban, así que me era cercano el olor a humo; pero no fue ahí donde fumé por primera vez, fue con una amiga –menor que yo– que probé la primera bocanada de humo… ¿la razón? ella estaba enojada con sus padres.
La acompañé en su búsqueda de “tranquilidad”. ¡Qué cosa más repugnante fue esa primera experiencia! Recuerdo perfectamente que el sabor me supo asqueroso, se me secó hasta la boca… –aunque no lo pensé la segunda vez, cuando yo me enojé con mis amigos…–.
No hay nada peor que “intentar que te guste” y no toser. Mis primeros cigarros fueron acompañados de chicles de menta o de pastillas de menta para que no se me secara la garganta y a la vez ocultar un poco el sabor…
Curiosamente, mi amiga, aquella que me presentó los cigarros, hoy no fuma.

He sido fumadora por casi 13 años. Realmente el fumar para mí es una actividad mecánica, un pasatiempo, una necesidad de primer orden como el comer o el respirar. Cuando suena el teléfono y es para mí, lo normal es que me fume entre uno y tres cigarros en la conversación.

Toda la gente que conozco y ha dejado de fumar lo ha hecho por un tema médico o de dinero. Se han obligado a tener fuerza de voluntad para dejarlo. Jamás me ha resultado eso de “la fuerza de voluntad”, ya que si quiero o no quiero hacer algo, simplemente lo hago o no. No he tenido necesidad ni ganas de dejar de fumar. El fumador siempre fumará porque quiere hacerlo y punto.

Hasta el momento no he tenido problemas médicos que me impidan fumar, así como una amenaza directa como “tus pulmones están funcionando al 70% y si fumas aunque sea uno, perderás otro 10% de capacidad”, por ejemplo. Pero tampoco quiero esperar a que eso pase.

Hoy conocí un método que me hizo ver todas estos fundamentos, los fundamentos que yo usaba como excusa para no dejar de fumar –porque realmente no me interesaba hacerlo– como inválidos.
He terminado de leer y no siento ganas de fumar.

Hace dos días comencé a escribir este post… fue hace dos días que apagué el que fue mi último cigarro y no lo supe, hasta ahora.
Ayer y hoy he hecho mi vida normal, estoy en la compu escribiendo sin fumar –regularmente no fumaba menos de tres cigarros mientras navegaba–, he tomado café, la misma cantidad que cuando fumaba y he estado en compañía de personas que fuman. No he vuelto a fumar.

¿Es fácil dejar de fumar?

¿Gmail Killer? #FB

Muchos de nosotros vivimos prácticamente en el mundo 2.0.
Somos usuarios de varias redes sociales y la mayoría de nosotros tenemos –al menos una– cuenta en gmail.

A principios de este año comenzó el rumor de que Facebook trabajaba en un nuevo proyecto: un correo electrónico propio llamado Titán, pero que se conoce internamente como “Gmail Killer”, ya que pretende captar a los usuarios de gmail que usen Facebook.
El rumor dice que éste se lanzaría definitivamente el lunes 15 de noviembre, y la dirección del nuevo correo sería tunombre@facebook.com.
Pero además no sería cualquier servicio de correo electrónico, ya que esta red social al manejar información personal como quiénes son nuestros amigos y que tan a menudo nos contactamos, el nuevo mail podría tener novedades como una organización de los correos –en base a las preferencias personales–, y además brindar la posibilidad de acceso POP e IMAP.

De ser cierto, podría haber una revolución de los correos electrónicos, ya que de un día para otro podrían haber 500 millones de correos de Facebook, versus los 186 millones que posee gmail.

Lo preocupante del tema, es el hecho de cómo Facebook ha manejado las políticas de privacidad y todos los problemas que hemos visto al respecto en los medios en el último año. Muchas de sus aplicaciones violan los términos y condiciones del sitio.

Entonces… ¿Qué confianza nos da a los usuarios este nuevo servicio de mail con todos los antecedentes?
Además que quienes tenemos cuenta en Facebook sabemos la cantidad de spam que nos llega a través de ellos, sin contar los tantos otros mails con virus.

En lo personal –de ser cierto el rumor– me quedo con mi gmail y no lo cambio :)

Y tú?

Viciosos de la computadora

Así nos tildaron ayer y me causó una sensación extraña.
Todo partió por contarle a mi suegra que mi hijo de dos años usa la compu –sin que nadie le haya enseñado a hacerlo– mejor que muchos adultos. Abre programas y sabe cual es el ícono correcto para las distintas actividades –itunes, Firefox, GarageBand, msn, entre otros– aunque debo asumir que a veces hace cosas insólitas como asociar los números del teclado con los de la calculadora o utilizar mi facebook, entrar a la página de algún amig@ y tipear letras sin ningún sentido en su muro.
Mi hijo es un nativo digital. Ama todo lo tecnológico y aprende a usarlo de inmediato aunque no lo haya visto antes. Prefiere usar la compu, un celular o algún aparato compacto que tenga botones, que usar el auto a batería que le regalamos hace algunos meses.

“lo que pasa es que ustedes son viciosos de la compu”… y la respuesta que obtuvo por parte de mi marido fue un “no voy a discutir de eso ahora”, en un tono seco.
Es cierto que hay una brecha generacional enorme, pero ¿qué tienen de cierto sus palabras? En este caso nada.

Mi hija cada vez que tiene oportunidad, entra a FB, a Twitter, prepara y edita sus propios videos, usa Photoshop mejor que yo, sube videos a You Tube, comparte con sus amigos de Chile, hace sus tareas y visita lugares recónditos al otro lado del mundo mediante un solo click. Usa programas que yo investigando me demoraría –a lo menos– un par de meses en conocerlos bien, y todo lo hace instintivamente.

¿Por qué hay gente que ve a la computadora –y a Internet– como un vicio y no como una herramienta eficaz para conocer de forma inmediata lo que en el mundo 1.0 físico es más difícil?

Creo que la respuesta a esto es que hay personas que aún ven al “objeto” y no a las relaciones que se crean y desarrollan a través de él. Por supuesto, si a herramienta fuera un libro, nadie diría algo al respecto.

#Fail.

14 de febrero

El 14 de febrero no ha sido muy importante en mi vida, pese a ser el día del amor, sólo era una fecha comercial más.
Hace cuatro añitos, pude comenzar a comprender su significado, el real significado del amor, junto al hombre más increíble del mundo.
Puede que muchas parejas digan lo mismo, y de seguro lo hacen bastantes, pero tengo plena certeza, por vivencias propias y ajenas, de que así es.
No todos los hombres se juegan la vida por alguien que no conocen (presencialmente), no todos los hombres aceptan a miembros adicionales en una relación que se inicia, no todos los hombres aman con la misma intensidad y entregando el alma con un beso o una caricia.
Bueno, hace cuatro años, fue nuestro primer 14 de febrero juntos. Escogimos el 11 de febrero para mi llegada y, de esta manera, poder pasar juntos nuestro primer día del amor tomándonos de las manos, sintiendo nuestro abrazo, estando en compañía, en buena compañía.
Es curioso, pero mañana, será un día más. No tendrá nada de particular, claro, muchos dirán “pero es 14 de febrero…” y sí, efectivamente es el día internacional del amor y la amistad, pero cuando el amor se vive intensamente día a día, una fecha no lo hace más interesante o más importante, es un día más para entregar nuestro amor, para vivirlo.
Creo que el desgaste emocional de tener una pareja y no tener plena certeza de que es la persona indicada para cada quien, lo hace frustrante, y lo convierte en una busqueda incansable en estas fechas; es como cuando las amigas aparejadas preguntan “¿qué harás para el 14?”.
Mi respuesta definitivamente ha cambiado del todo. Para mi el amor no tiene un día, no es un momento, ni se celebra en una fecha en particular.
El día del amor para nosotros es siempre, cada segundo, si estamos juntos o no lo estamos; mientras almorzamos, vemos una peli o mientras estoy sola… el amor siempre está ahí; si es que estamos con más gente o solo nosotros, siempre nos amamos.
Creo que esa es la esencia del amor, no es buscar un momento o justificar nuestros actos o regalos por ser el día marcado en el calendario para tal efecto… es saber reconocer que amamos y que somos amados, que damos y recibimos amor, no importa de quien, y menos una fecha.
De igual manera, aprovecho para dejarle un gran abrazo a aquellos a quienes amo y no puedo demostrárselos debido a la distancia,

Saludos a todos y un gran abrazo

Errores de las organizaciones en la web 2.0

Con la llegada de la web 2.0, cada día son más las empresas que han tomado la decisión de “pertenecer” e “involucrarse” activamente en la conversación online para llegar a más clientes, siendo aplicaciones como Twitter y Facebook las predilectas para este efecto. Lamentablemente, hay errores en los que la mayoría incurre por su falta de comprensión de las diferencias entre la web 1.0 y la 2.0.

La mayoría de las organizaciones que incursionan en las redes sociales no tienen una estrategia de comunicación definida, ya que su participación se limita a informar –de modo general– acerca de sus productos o servicios, olvidando la interacción y desaprovechando las oportunidades de mercado que ofrecen las comunidades virtuales.
Pese a que son varias las empresas que hacen un esfuerzo por participar (agradeciendo las menciones, los retweets, o las publicaciones que sobre ellas hablan en notas o blogs), todavía deja mucho que desear su intervención en la red.

Cuando una organización decide involucrarse en esta área de la web, debe –primero que todo– planificar estratégicamente cuál es su objetivo y delinear las directrices que permitirán alcanzarlo. Si no hay un objetivo claro y bien establecido –comunicativamente hablando–, difícilmente conseguirán buenos resultados. A menos que el objetivo sea solo “existir”, claro está.

Para una organización es fundamental diferenciar una cuenta personal –o varias–, de una organizacional en las redes sociales. La diferencia básica es que en la cuenta personal se escribe lo que uno quiere, cuando lo quiere y como lo quiere, lujo que no pueden darse las empresas.
Esto representa un gran desafío para quien maneja una cuenta institucional, ya que alcanzar y mantener las expectativas de los usuarios de estas comunidades con respecto a la organización para la cual trabaja, no es tarea fácil.
Muchas veces los usuarios agregan a estas empresas entre sus contactos por interés, por la relevancia de los contenidos que puedan generar o simplemente por curiosidad. Pero si las compañías proveen información y los usuarios quieren profundizar u obtener un link, se espera una respuesta –que desafortunadamente, no siempre se recibe– por parte de esa misma empresa.

Cierto es que el área de comunicación y la de servicio al cliente (quien maneja más información con respecto a productos y/o servicios), pueden no ser dependientes o relacionadas; pero conviene que el usuario reciba una respuesta que solucione su inquietud sin que lo redireccionen a otra área administrativa u otro canal de contacto. De saberlo, el propio usuario no optaría por “hablar” con una empresa en las redes sociales, sino que tomaría el teléfono y llamaría para obtener la información él mismo.

Otra de las debilidades notorias es que las empresas de venta y/o servicios o las informativas se limitan a ofrecer, promocionar o facilitar datos y no a mantener las relaciones con sus clientes –seguidores o fans, dependiendo del caso–, ya que ellos esperan más que las promociones o el link con una noticia o información: contenidos relevantes, respuestas, recomendaciones, reconocimiento, gratitud.

La web 2.0 abre muchas puertas a nuestra empresa y, sobre todo, la posibilidad de posicionarla de forma directa en la mente (¿o en el corazón?) de miles de usuarios con un solo clic.

La mayoría de la empresas aprenderán y corregirán estos errores sobre la marcha, ganando y perdiendo seguidores, teniendo más o menos éxito que otras con sus cuentas. Algunas fracasarán en el intento; otras, en cambio, aprenderán de los tropiezos ajenos y evitarán inconvenientes futuros.

El que sabe, sabe y el que no, juega a Quién Quiere ser Millonario

Ayer, como todos los domingos, pasaron por la televisión el mundialmente famoso programa “Quién quiere ser millonario“.
La verdad es que esta versión ecuatoriana no llama mucho mi atención, ya que le falta el toque de “suspenso” que le dan otros conductores, pero la temática es la misma así que de vez en cuando lo veo.

Anoche, Alfonso Espinosa de los Monteros le preguntó al último de los concursantes favorecidos algo así:
¿Cuál es la palabra que define un temor infundado o miedo de contagiarse de cualquier cosa?

Las posibles respuestas eran:

A) Aprehensión B) Aprensión C) Aprención D) Aprehenzión

Como la mayoría debe saber, las palabras Aprención y Aprehenzión, no están registradas en el diccionario, por lo cual solo quedarían como posibles  A) Aprehensión y B) Aprensión.
El concursante desconocía la respuesta, así que utilizó el comodín del público, quien en su mayoría votó por la opción A) Aprehensión.
Mientras se esperaba la confirmación por parte del conductor del programa, yo pensaba “que pena, perdió por confiar en el público”, ya que la definición de Aprehensión es captar las formas de las cosas sin hacer juicio de ellas o sin afirmar ni negar, mientras que Aprensión sí califica dentro de la definición antes mencionada.

Para mi sorpresa, le dan esa respuesta como correcta, siendo que no lo es, y lo que es más, es un programa grabado con antelación y editado. ¿Cómo nadie se dio cuenta del error antes de sacarlo al aire? Hoy busqué reacciones al respecto y no hubo nada en la web.
¿Cómo puedo ser la única persona en el país que se dio cuenta del error?
Agradecería si me pudieran contribuir con información o un video del programa, ya que no hay información en la web al respecto.

El desafío de las organizaciones en la era 2.0

Antiguamente, las organizaciones eran –comunicativamente hablando– más poderosas que sus clientes. Ellas emitían la información sin importarles lo que sus públicos tenían que decir. Para estas empresas informar era suficiente, lo que quisieran dar a conocer y en la medida en que ellas lo decidieran.

El consumidor debía esperar colgado del teléfono, aguardar su turno en una oficina de atención al cliente colmada de gente, sentarse con los brazos cruzados mientras llegue la respuesta de algún alto ejecutivo a una carta de descontento o un reclamo dejado en el buzón de sugerencias. En el mejor de los casos, podía enviar un mensaje a algún medio de comunicación para hacerse escuchar y ejercer presión, con el fin de buscar una solución o respuesta concreta. El medio –dicho sea de paso– solía condicionar su agenda informativa según su conveniencia comercial, casi siempre favorable a las empresas. La opción más sencilla era, por supuesto, olvidarse del tema.

El consumidor no compartía su descontento con otros individuos –tal vez solamente con sus amigos y familiares cercanos– ni tenía el poder de presionar a las empresas para hacer valer sus derechos. Cuando mucho, alguna entidad estatal dedicada a velar por los intereses de los consumidores aceptaba iniciar un proceso burocrático o legal.

enojado

A raíz del boom de la web 2.0, sin embargo, el poder informativo ya no es un privilegio de élites económicas o medios masivos de comunicación. Con la facilidad de comunicar la cotidianidad de los ciudadanos a través de la web, las organizaciones se ven forzadas a evolucionar, integrándose a la conversación global que plantea la propia sociedad civil. Ahora es el usuario quien tiene el poder comunicativo que le dan, tanto la web –como canal omnipresente y global– como su red de contactos personales –potenciada exponencialmente por su extensión añadida gracias al canal–. Ya no solo llegamos a nuestro barrio, ciudad o país, sino al mundo entero. Ya no solo escuchan nuestras historias los que conocemos, sino también los amigos de nuestros amigos.
La manera de tratar las quejas y reclamos a una compañía han cambiado bastante desde entonces. El usuario 2.0 no necesita esperar para mostrar su descontento, ya que puede hacerlo a través de las redes y medios sociales, donde la información y experiencias de los internautas fluyen ágil y libremente, se intercambian, se multiplican y se reproducen infinitamente; pueden ser leídas, vistas o escuchadas en tiempo real por otros miles de usuarios, o bien pueden rescatarse desde cualquier buscador en la web.

Con este nuevo modo de comunicarse, una mala experiencia de los internautas con los productos y servicios –o las organizaciones que los proveen– puede salirse de control. En poco tiempo, una reputación corporativa muy bien cuidada offline puede generar una crisis incontrolable en la Red. Y no hay manera de evitar que los usuarios opinen sobre las compañías.

Lo expuesto deja en evidencia que participar corporativamente en la conversación global planteada por la web social es el único modo de influir en la opinión pública, contrarrestar los comentarios negativos y cultivar relaciones provechosas con sus stakeholders. Participar no es abrir cuentas en los servicios y enviar mensajes unidireccionales. Participar no es invertir recursos publicitarios que invadan los escenarios de la conversación. Participar implica estar presente en el diálogo, escuchar lo que las personas tienen que decir y aportar –desde una perspectiva organizacional– al desarrollo de una dialéctica propositiva y colaborativa. Ese es, en síntesis, el nuevo reto para las organizaciones en la era 2.0 .

[Caricatura: Patricio Cevallos López]